21 de mayo de 2018
Tal como se predijo, se produjo otro tiroteo en una escuela. Esta vez en Texas. Diez personas más perdieron la vida a manos de un joven furioso y probablemente enfermo mental. De nuevo los padres, la familia y la comunidad se lamentan porque no se han producido cambios significativos. Cuando ocurren las tragedias, nos unimos para apoyarnos mutuamente y exigir cambios. Luego todo se calma y la gente se vuelve pasiva esperando a las elecciones, a los informes de revisión interna o a que el sistema judicial, notoriamente lento, actúe. Hay que cuestionar esta pasividad y continuar la marcha para que se produzca un cambio efectivo.
Hace años, recuerdo cuando se producían los tiroteos en Correos y en el lugar de trabajo por culpa de empleados descontentos que se creían perjudicados de alguna manera. Hoy, parece que hay estudiantes descontentos que dan tan poco valor a la vida humana, que van a sus escuelas a matar. ¿Cuándo acabará esto?
Las matanzas cesarán no cuando haya cambios en las leyes sobre armas. Las matanzas cesarán cuando los políticos y la sociedad reconozcan que las enfermedades mentales son un factor causal de estos asesinatos. No todas las personas que padecen un trastorno mental son peligrosas, pero las hay que están tan enfadadas, tan desilusionadas, tan privadas de derechos, tan aisladas que, de alguna manera, consideran aceptable matar a otras personas.
Las señales suelen estar ahí, pero se ignoran porque la enfermedad mental no se toma en serio en nuestra sociedad. Hay que identificar pronto a estas personas antes de que lleguen al punto de la rabia y actúen. Hay que comprenderlas y tratarlas para poder evitar estas tragedias antes de que ocurran. Estas personas necesitan que se calme su ira y que se las conecte con los demás para que no se aíslen.
Tenemos que marchar no sólo para que cambien las leyes sobre armas, sino también para que cambie la forma en que tratamos las enfermedades mentales antes de que ocurra otra tragedia.